jueves, 14 de febrero de 2008

Definición del amor


El amor es como una nevada de invierno. Todo el mundo la espera con expectación. Y cuando por fin cae, salimos a la calle a disfrutar de ella. Después de haberla pisado mucho la nieve ya no es aquel manto blanco e impoluto que vimos al principio; y al caer la noche se hiela y nos pegamos un gran batacazo. ¡Plaf!.

miércoles, 13 de febrero de 2008

Regalo de cumpleaños

CUMPLEAÑOS

Yo lo noto: cómo me voy volviendo
menos cierto, confuso
disolviéndome en aire
cotidiano, burdo
jirón de mí, deshilachado
y roto por los puños.

Yo comprendo: he vivido
un año más, y eso es muy duro.
¡Mover el corazón todos los días
casi cien veces por minuto!

Para vivir un año es necesario
morirse muchas veces mucho.

ÁNGEL GONZÁLEZ

domingo, 3 de febrero de 2008

La Imaginación


A veces
la imaginación convierte en realidad esa imaginación, en su imaginación; y entonces tu mente está perdida.

miércoles, 23 de enero de 2008

La alfombra y Omar Faruk Tekbilek

He comprado una alfombra en las rebajas y tiene un defecto:
No vuela.

lunes, 7 de enero de 2008

Poesía para un año


De aquí a un año
pueden pasar tantas cosas:
Que encontremos el amor de nuestra vida,
que lo volvamos a perder (acaso una vez más),
que descubramos que, con todo, no nos hacía tanta falta.
De aquí a un año
pasarán tantas cosas:
Que las pesadillas dejarán de serlo de pronto
que nos asustarán pesadillas nuevas,
que descubriremos que, con todo, es nuestro miedo (y no las pesadillas)

De aquí a un año es tanto tiempo.
BERNA WANG

viernes, 28 de diciembre de 2007

Turrón, polvorones y demás asuntos navideños

Si la navidad os va cargando (y no solo el estómago) os vendrá bien un poquito de relajación musical o, mejor aún, desahogarse haciendo karaoke.

jueves, 20 de diciembre de 2007

La Partida

Praga 1922


Ordené sacar mi caballo del establo. El criado no me comprendió. Fui yo mismo al establo, ensillé el caballo y monté. A lo lejos oí el sonido de una trompeta, le pregunté lo que aquello significaba. Él no sabía nada, no había oído nada. En el portón me detuvo para preguntarme:
- ¿Hacia dónde cabalga el señor?
- No lo sé -respondí-. Sólo quiero irme de aquí, solamente irme de aquí, sólo así puedo alcanzar mi meta.
- ¿Conoce, pues, su meta?- preguntó él.
- Sí -contesté yo-. Lo he dicho ya. Salir de aquí, ésa es mi meta.
FRANZ KAFKA

martes, 11 de diciembre de 2007

La Sumisión


La mujer que está tomando un helado de vainilla en la primera mesa de este café ha tenido siempre las cosas muy claras. Busca (y buscará hasta que lo encuentre) lo que ella llama un hombre de verdad, que vaya al grano, que no pierda el tiempo en detalles galantes, en gentilezas inútiles. Quiere un hombre que no preste atención a lo que ella pueda contarle, pongamos, en la mesa, mientras comen. No soporta a los que intentan hacerse los comprensivos y, con cara de angelitos, le dicen que quieren compartir los problemas de ella. Quiere un hombre que no se preocupe por los sentimientos que ella pueda tener. Desde púber huyó de los pipiolos que se pasaban el día hablándole de amor. ¡De amor! Quiere un hombre que nunca hable de amor, que no le diga nunca que la quiere. Le resulta ridículo, un hombre con los ojos enamorados y diciéndole: "Te quiero". Ya se lo dirá ella (y se lo dirá a menudo porque lo querrá de veras), y cuando se lo haya dicho recibirá complacida la mirada de compasión que él le dirigirá. Ésa es la clase de hombre que quiere. Un hombre que en la cama la use como se le antoje, sin preocuparse por ella, porque el placer de ella será el que él obtenga. Nada la saca más de quicio que esos hombres que, en un momento u otro de la cópula, se interesan por si ha llegado o no al orgasmo. Eso sí: tiene que ser un hombre inteligente, que tenga éxito, con una vida propia e intensa. Que no esté pendiente de ella. Que viaje, y que (no hace falta que lo haga muy a escondidas) tenga otras mujeres además de ella. A ella no le importa, porque ese hombre sabrá que, con un simple silbido, siempre la tendrá a sus pies para lo que quiera mandar. Porque quiere que la mande. Quiere un hombre que la meta en cintura, que la domine. Que (cuando le dé la gana) la manosee sin miramientos delante de todo el mundo. Y que, si por esas cosas de la vida ella tiene un acceso de pudor, le estampe una bofetada sin pensar si los están mirando o no. Quiere que también le pegue en casa, en parte porque le gusta (disfruta como una loca cuando le pegan) y en parte porque está convencida de que con toda esta oferta no podrá prescindir jamás de ella.
QUIM MONZÓ